El poeta Víctor José Díaz Goris nació en San José de Las Matas, y en esta producción nos enseña su sensibilidad hacia la naturaleza y la especie humana
Labios futuros
Tú cuerpo
Es una ecforación
De besos
Que se consume
En mi pupila.
Por el espejo de tu saliva
Resbalan mis orgasmos,
Mientras el ardor
De tus esencias
Se anuda a mi garganta.
Escancio sobre tu piel
El dulzor de todas
Mis derrotas.
Inauguro en tu aliento
Las huellas de todos
Mis pasos futuros,
Mientras construyo,
A pulso,
Con mis cenizas
Tu otro cuerpo,
Para que,
En mis otras muertes,
Pueda volverte a amar.
Plenilunio de besos
Plenilunio de besos
En tu piel,
Labios en su cénit
Destellando miel
Para tu cuerpo.
Arpegios táctiles
Que desfilan
Como caravana
Por tus senos.
Urgencias desnatadas
En el rojo abrazo
Que nos une.
Luz. Silencio. Suspiros. Tú.
Catamos fuegos harapientos,
Peras maduras,
Las alas de un Quetzal
Que agrietan el silencio.
Desnudamos nuestros pecados
Sobre la rubia imagen
Del silencio.
El sonido de un arpa
Alza el vuelo
En tus pezones,
Antes que venga la Muerte
Sobre su séquito de sombras,
En un novilunio de caricias
Que la Nada perdonará.
Aroma
Tu olor de eclipse en agonía,
Igual que una nube
Mojada de palomas;
Tu olor de bosque sin dueño,
Lo mismo que las huellas
De un horizonte por nacer;
Tu olor de guerras futuras,
Igual que el amanecer
De un pecado
Cometido con decencia,
Es el paraíso de las gulas
En la aritmética
De la hebefrenia.
El champagne de tu voz
La roja hierba enmohecida
Que brota de tus ojos,
El fúlgido sabor a espina rota
Que tiene tu mirada.
Los embravecidos cabellos de tu sangre,
El champagne de tu voz,
La asesinada guitarra de tu aliento,
Los pequeños soles
Que cuelgan alegres en tus pezones,
Los besos que se desangran
En tu pubis,
La dura y salada oscuridad
Que va fluyendo de tu piel.
Un laberinto de orgasmos
A punto de ocurrir.
Mi cuerpo y tu ombligo alado.
El viento es perla,
Cuando voy hacia ti.
Cadáveres
Las sombras tocan
Su badajo,
En el hipogeo de mi soledad.
Busco mi alma dentro de ti
Y no la encuentro.
Te espero.
Me espero.
Y no llegamos.
Origen
Entre tus piernas
Está la raíz
De todas las estrellas.
Allí habitan nubes,
Madrugadas marchitas,
Desiertos gemelos,
Flores.
Hay una noche inmensa y desolada
Goteante de ansias.
Dos medias lunas
De fervores vegetales
Atardecen sus líquidas voces
En el espurio espejo
Del deseo.
Hay un licor enjaulado
Con sabor a extravío,
El olor de un arco iris
Acabado de nacer.
Hay un hálito de luces
Devenido en pensamiento,
Pulpa de silencios
En la madurez de su dulzor.
Entre tus piernas
Hay uvas descalzas
En espera del crepúsculo,
Gorriones hechizados
Dibujando su destierro,
Mariposas fingiendo ser melodías,
Violines derretidos
Adormeciendo su sed.
Hay pequeñas deidades
Cayendo
Desde tu Vicio vertical,
El vuelo de una alondra
Detenido en tus efluvios,
Un espejo con mi rostro,
Disfrazado de Eternidad.
Entre tus piernas
Se originó el Tiempo y,
Con horror me pregunto,
¿Acaso tendrá fin?
Complicidad
En la unicidad de dos cuerpos,
Tensos como arcos,
Al amarse,
Mil volcanes eruptan sus ausencias
Sobre la piel compartida.
La acezante saliva
Del deseo
Los cubre,
En la penumbra cómplice de anchos ojos.
Dualidad de labios férvidos
En multiplicación de besos y caricias.
Orfeo escondido
Bajo el pelo de la amada.
Arpas en alas de jilgueros
Para hacer volar a los amantes.
Complicidad entre la luna
Y el silencio.
El amor,
Misteriosa brasa,
Ha tocado sus miradas.
Espasmo de luz
Esa verdad otreable
Que te corre por los ojos,
Hace que se deshuese, incolora,
Tu voz en el espejo.
Los azules cabellos de tu sangre
Reflejan su hueco resplandor
En la nieve derretida
De tu boca.
Tu rostro, lámpara de carne
Ahuesada a mi aliento,
Es un prístino dolor
En el aroma de una duda.
La sospechable longitud de tus ansias
Contiene la incógnita de mi Ser.
El cadáver del futuro
Tendido está sobre tus labios.
Los turpiales del deseo
Van anidando en nuestros cuerpos,
Sinergia de caricias
En plagio de luces
Que se despeñan por nuestro ayer:
La Eternidad, en su cénit,
Preludia nuestro ataúd.
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